¿Qué tiene de interesante el Lago Baikal en Rusia?

Por Sergio Parra.

Estamos ante un lugar tan asombroso que podemos visitarlo de dos maneras: como simples turistas, con lo cual ya se nos caerá la baba. O como científicos: entonces descubriremos que este gigantesco lago también tiene mucho que ofrecer. En cualquier caso, si nunca has estado en el lago Baikal, situado al sur de la Siberia rusa, voy a intentar transportarlos hasta allí lo mejor que pueda.

El Baikal es un lago tan grande (31.494 kilómetros cuadrados de superficie: 650 kilómetros de largo y entre 29 y 80 de ancho) y tan profundo (1.637 metros, aunque si se extrajera todos los sedimentos llegaría a los 9 kilómetros) que contiene el 20 por ciento de las aguas continentales no heladas, esto es, simplificando, del agua dulce del planeta.

Sí, has leído bien. Un solo lago alberga casi un cuarto de las reservas mundiales de agua dulce. Si se extendiera uniformemente toda esta agua sobre la superficie del planeta, éste quedaría cubierto por 20 centímetros de agua. Si sus afluentes dejaran de aportar agua, el lago tardaría más de 400 años en vaciarse completamente. Si este lago se vaciara por completo, se tardaría aproximadamente un año en volver a llenarlo uniendo todos los ríos del planeta, incluyendo el Nilo y el Amazonas. De hecho, se ha estimado que si toda la población mundial sólo bebiera agua de este lago, podría vivir 40 años sin ningún problema de escasez.

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Y no haría falta procesarla demasiado, pues el agua es tan transparente y posee tanta calidad que se considera potable gracias a la concienzuda limpieza que efectúan los microorganismos que habitan en ella (incluso se estudia el uso de algunos de estos microorganismos para limpiar derrames de petróleo en otras aguas).

El lago Baikal también es el lago más antiguo que se conoce. Su edad alcanza los 25 millones de años. Durante siglos fue un lugar considerado santo por los asiáticos, y aún sobreviven alrededor del lago las tallas y partes de los edificios rituales de las tribus que peregrinaban al Baikal para investirse de su energía. Todavía hoy se usan sus aguas, ricas en oxígeno y con escasa presencia de sales minerales, para algunos tratamientos médicos.

A pesar de que las condiciones climatológicas son un tanto extremas (en invierno se alcanzan hasta 45 grados bajo cero), el lago Baikal también es un paraíso para la fauna y la flora. Aparte de las especies endémicas como la foca y el esturión del Baikal, el pez golomjanka y el cangrejo epishura (un animal diminuto cuyo papel resulta fundamental en la cadena alimenticia, pues filtra el agua a través de su organismo), puedes deleitarte con una biodiversidad extraordinaria: 1.600 géneros de animales y 800 vegetales catalogados hasta el momento.

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No es extraño, pues, que la raíz etimológica de la palabra Baikal, procedente del idioma Turka, signifique “lago rico”: bai, rico; kul, lago. Por ello también se conoce al Baikal como “La Galápagos rusa”; también “El Ojo azul de Siberia” y “La Perla de Asia”.

Por cierto, el trabajo de limpieza del epishura, que apenas tiene 1 o 2 milímetros de longitud, es gigantesco por lo reducido de su tamaño. Pero resulta muy efectivo porque hay muchos de ellos trabajando simultáneamente: hasta 3 millones en un metro cuadrado de superficie lacustre. Así cualquiera. Aunque todo este ejército de hormigas marinas expertas en limpieza estuvo en peligro hasta 1976, cuando las aguas residuales de la fábrica de celulosa del Baikal se vertían directamente en el lago, originando una mortandad masiva en ésta y otras especies endémicas.

En el fondo del lago hay una pirámide de acero inoxidable con el escudo de Rusia. Un símbolo de la primera misión que consiguió llegar hasta el fondo el 29 de julio de 2008, la de los batiscafos rusos Mir-1 y Mir-2.

Si te apetece ir a este lago de proporciones míticas, recomiendo hacerlo durante el viaje en el tren Transiberiano, que lo bordea completamente atravesando 200 puentes y 33 túneles. No hay mejor experiencia que bajar del tren en alguna de las estaciones y comprar un poco de pez omul ahumado, que se comercializa en todos los mercados alrededor del lago.

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Baikal sirve como límite para dos provincias rusas: oblast de la república (orilla suroriental) y de Irkutskaya de Buryatia (orilla noroeste). La parte del sudeste, sin embargo, es la más turística; y la nororiental está prácticamente abandonada. A diferencia de otros lagos, que suelen tener una vida media de 15.000 años, el Baikal no hace más que aumentar su tamaño a una velocidad media de 2 centímetros al año. Lo cual produce no pocos terremotos en la región.

No obstante, es posible que el calentamiento global del planeta acabe convirtiendo el Baikal en un lugar mucho menos interesante. En un artículo del número 58 de la revista BioScience escrito por Marianne V. Moore, del Wellesley College, se señalaba que el clima del lago se ha vuelto más suave. Ahora el lago permanece congelado menos tiempo en invierno. Ello puede dañar el ecosistema del lugar, sobre todo en lo que concierne a la foca nerpa, una foca endémica que, además, es la única foca de agua dulce del mundo. Al parecer, la foca sólo se aparea y da a la luz sobre el hielo, y al existir éste durante menos tiempo provoca que su natalidad descienda alarmantemente. Sin contar la caza furtiva y masiva de estas focas, que constituyen una de las más sólidas bases para la economía de la región.

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El lago alberga 848 especies de animales que no existen en ninguna otra parte del mundo.

No sé ustedes, pero yo ya estoy mirando vuelos a Rusia y boletos para el Transiberiano.

 

Fuente: Xacata